Urgencia manifiesta transformada en constante globalizada es el cambio en la fuente del poder. Los partidos conservadores se aferraron a las raices tradicionales de la economía, mientras los progresistas lo hicieron en la dinámica unidad de clase y los herederos de los conservadores, pudientes que bebían de las aguas intelectuales de las universidades, de las viejas escuelas y las más muevas.

La necesidad política de resultados inmediatos, eleva potencialmente las expectativas sociales y suma una intoxicación creciente, aportando su contribución a la tercera burbuja tecnológica.
Escasez de ideas en los partidos tradicionales acompañan la curva de sus pérdidas de credibilidad, a la que acumulan invenciones utópicas vinculadas a las TICs., como respuesta más retórica que efectiva. Las propuestas terminan tomando los mismos reíles de las utopías analógicas. Los fracasos son más llamativos y pomposos, ruidosos al fin.
La agitación digital en modas y tendencias, naufraga entre los restos de civilización, y el caso del Open Government como el Cloud parece enturbiar más las aguas para que parezcan más profundas de lo que son, con el permanente cañoneo que pretende otorgar contenido a sus argumentos. Paul Joseph Goebbels resultó ser un perfeccionador de estas acciones de agitación, logrando la sinergia que hincha la burbuja mediante la propaganda.
El marketing genera estas tendencias con su campaña que tiene más de cartel y populismo electrónico que de resultados concretos. Quienes la fagocitan con mayor ahínco son empresas, agentes, políticos y gobiernos con los fracasos más sonados. Y no por ello han dejado de utilizar esta acción publicitaria en el último trienio, donde los descalabros políticos y electorales son patentes.
Aunque alguno tenga la impresión de que ciertas tendencias (Cloud, Opening) adjuntos a gobierno y/o estado puedan parecer en prospectiva certeras, puede que resulten desfasadas. En la acción política y de gobierno, la única realidad es el vínculo entre el poder instituido y la fuente de ese poder. Y la fuente del poder no deriva de un gobierno en las nubes (Cloud) ni de un gobierno abierto (Open, como concepto post-moderno). Es decir, lo que hace la nube como el abierto es debilitar la fuente del poder ciudadano-comunidad, exponiendo en exceso información sensible y estratégica.
En los hechos quienes hablan, promocionan y justifican en teorías argumentativas la nube o el Open Government, no declaran, ni explican sus propios beneficios, ni las relaciones de sus cargos, funciones o empresas con los gobiernos, funcionarios, y políticos o partidos. Ello no es ilegal,pero no siempre deriva de relaciones legítimas o éticas, mucho menos abiertas.
Y esta es la contribución a la implosión de burbuja tecnológica. Este tipo de marketing, como el de los productos adelgazadores y milagrosos, expiden per se certificados de satisfacción que incumplen las expectativas. Y cuyos argumentos y teorías no advierten en las etiquetas de sus paquetes la improbabilidad de éxito. Ello y la ingenuidad política de muchos agentes, como la asimetría de la información institucional y/o tecnológica, amurallan la visión, misión y objetivos de las instituciones y su gobierno, generando un falso debate social, donde la retórica se vuelve más importante que la verdad, la decisión y los efectos sobre los ciudadanos y la comunidad.
El más grande de los fracasos de las instituciones constitucionales, resultan de su mal uso, en su exceso como en sus defectos, y de dar mayor importancia a la retórica cuyos fracasos son evidentes, sus resultados concretos y sus efectos devastadores. Mirad el mapamundi y poned marcas a los mayores fracasos en los últimas dos décadas o el último trienio, todos ellos adoptan utopías tecnológicas (en un sentido ámplio) insolventes.
Urgencia manifiesta transformada en constante globalizada es el cambio en la fuente del poder. Los partidos conservadores se aferraron a las raices tradicionales de la economía, mientras los progresistas lo hicieron en la dinámica unidad de clase y los herederos de los conservadores, pudientes que bebían de las aguas intelectuales de las universidades, de las viejas escuelas y las más muevas.

La necesidad política de resultados inmediatos, eleva potencialmente las expectativas sociales y suma una intoxicación creciente, aportando su contribución a la tercera burbuja tecnológica.
Escasez de ideas en los partidos tradicionales acompañan la curva de sus pérdidas de credibilidad, a la que acumulan invenciones utópicas vinculadas a las TICs., como respuesta más retórica que efectiva. Las propuestas terminan tomando los mismos reíles de las utopías analógicas. Los fracasos son más llamativos y pomposos, ruidosos al fin.
La agitación digital en modas y tendencias, naufraga entre los restos de civilización, y el caso del Open Government como el Cloud parece enturbiar más las aguas para que parezcan más profundas de lo que son, con el permanente cañoneo que pretende otorgar contenido a sus argumentos. Paul Joseph Goebbels resultó ser un perfeccionador de estas acciones de agitación, logrando la sinergia que hincha la burbuja mediante la propaganda.
El marketing genera estas tendencias con su campaña que tiene más de cartel y populismo electrónico que de resultados concretos. Quienes la fagocitan con mayor ahínco son empresas, agentes, políticos y gobiernos con los fracasos más sonados. Y no por ello han dejado de utilizar esta acción publicitaria en el último trienio, donde los descalabros políticos y electorales son patentes.
Aunque alguno tenga la impresión de que ciertas tendencias (Cloud, Opening) adjuntos a gobierno y/o estado puedan parecer en prospectiva certeras, puede que resulten desfasadas. En la acción política y de gobierno, la única realidad es el vínculo entre el poder instituido y la fuente de ese poder. Y la fuente del poder no deriva de un gobierno en las nubes (Cloud) ni de un gobierno abierto (Open, como concepto post-moderno). Es decir, lo que hace la nube como el abierto es debilitar la fuente del poder ciudadano-comunidad, exponiendo en exceso información sensible y estratégica.
En los hechos quienes hablan, promocionan y justifican en teorías argumentativas la nube o el Open Government, no declaran, ni explican sus propios beneficios, ni las relaciones de sus cargos, funciones o empresas con los gobiernos, funcionarios, y políticos o partidos. Ello no es ilegal,pero no siempre deriva de relaciones legítimas o éticas, mucho menos abiertas.
Y esta es la contribución a la implosión de burbuja tecnológica. Este tipo de marketing, como el de los productos adelgazadores y milagrosos, expiden per se certificados de satisfacción que incumplen las expectativas. Y cuyos argumentos y teorías no advierten en las etiquetas de sus paquetes la improbabilidad de éxito. Ello y la ingenuidad política de muchos agentes, como la asimetría de la información institucional y/o tecnológica, amurallan la visión, misión y objetivos de las instituciones y su gobierno, generando un falso debate social, donde la retórica se vuelve más importante que la verdad, la decisión y los efectos sobre los ciudadanos y la comunidad.
El más grande de los fracasos de las instituciones constitucionales, resultan de su mal uso, en su exceso como en sus defectos, y de dar mayor importancia a la retórica cuyos fracasos son evidentes, sus resultados concretos y sus efectos devastadores. Mirad el mapamundi y poned marcas a los mayores fracasos en los últimas dos décadas o el último trienio, todos ellos adoptan utopías tecnológicas (en un sentido ámplio) insolventes.